Septiembre: el mes en el que vuelves a todo… menos a ti
Tu empresa puede seguir creciendo, pero el precio personal que pagas por sostenerlo todo, no. Septiembre es buen momento para revisar cómo diriges y dejar de aplazarte.
El precio de poder con todo cuando siempre te dejas para después
Septiembre tiene algo de reinicio:
Vuelven las reuniones, vuelven los clientes, vuelven los colegios, vuelven los objetivos, vuelven los viajes, vuelven las decisiones pendientes y vuelve esa sensación conocida de que ahora sí:
este año voy a organizarme mejor.
Pero quizás septiembre no debería servirte para organizar mejor tu agenda. Quizás debería servirte para hacerte una pregunta:
¿Cómo quiero seguir dirigiendo sin seguir dejándome para después?
Porque tu empresa puede crecer. Tu responsabilidad puede crecer. Tu patrimonio puede crecer. Tu equipo puede crecer. Tu agenda puede crecer. Pero hay algo que no puede seguir creciendo indefinidamente:
el precio personal que pagas por sostenerlo todo.
Puedes tener éxito y estar funcionando demasiado al límite
Hay empresarios y directivos que aparentemente lo tienen todo bajo control. Una empresa funcionando, resultados, clientes, equipo, reconocimiento, patrimonio, capacidad de decisión,… Y, sin embargo, dirigen desde un lugar que cada vez les cuesta más sostener:
cansancio, hiperresponsabilidad, urgencia, culpa, dificultad para parar, necesidad de estar siempre disponibles,… No necesariamente están mal.
Están funcionando.
Y cuando alguien funciona durante demasiado tiempo, puede tardar mucho en darse cuenta de que la forma en la que está consiguiendo los resultados ya no es sostenible.
El coste no siempre aparece en la cuenta de resultados. A veces aparece en la paciencia que pierdes. En la conversación que evitas. En la decisión que sigues posponiendo. En el cuerpo que nunca termina de descansar. En la relación que recibe tus sobras. En el tiempo que ya no sabes disfrutar sin sentir que deberías estar haciendo otra cosa.
En esa sensación de estar presente en todas partes y, al mismo tiempo, no estar realmente en ninguna.
El verdadero coste de poder con todo
Durante años hemos asociado capacidad directiva con aguantar. Aguantar más. Resolver más. Responder más rápido. Estar disponible. Ser quien tiene la respuesta. Ser quien sostiene al equipo. Ser quien aparece cuando hay un problema. Y probablemente esa capacidad te ha llevado hasta dónde estás.
Pero aquí aparece una pregunta estratégica:
¿La forma que te ha permitido llegar hasta aquí es la misma que necesitas para llegar a donde quieres ir ahora?. Porque crecer no consiste únicamente en hacer más. También implica
dejar de sostener aquello que ya no necesita depender de ti.
Y eso exige algo mucho más difícil que trabajar más:
revisar tu manera de dirigir.
No eres un recurso infinito
Esta puede ser una de las verdades más incómodas para cualquier persona que dirige:
tú también eres un recurso de tu empresa, pero no eres un recurso infinito.
Tu atención, energía, capacidad de concentración y capacidad emocional, es limitada. Y cuando todo depende de ti, quizás el problema no sea únicamente que tengas demasiado trabajo. Quizás exista un problema de diseño organizativo, de delegación, de liderazgo o incluso de identidad profesional. Porque hay una pregunta que pocas veces hacemos:
¿Qué está sosteniendo hoy el CEO que la organización debería haber aprendido ya a sostener sola?
La respuesta puede cambiar completamente la forma de dirigir.
Septiembre puede ser un buen momento para dejar de aplazarte
Hay decisiones que llevas meses sabiendo que tienes que tomar. O simplemente algo tan sencillo y tan difícil como
volver a tener espacio mental.
Pero siempre aparece algo más urgente: la reunión, el cliente, el equipo, … Y tú vuelves a colocarte al final de la lista.
Después de todos. Después de todo, otra vez.
¿Qué precio personal estás pagando por la manera en que estás dirigiendo?
Te propongo detenerte unos minutos para mirar cómo estás ejerciendo tu responsabilidad.
1. Lo que estás sosteniendo
- ¿Qué estás sosteniendo actualmente que consume una cantidad de energía desproporcionada?
- ¿Qué decisiones siguen dependiendo exclusivamente de ti?
- ¿Qué problemas ajenos has convertido en responsabilidades propias?
2. Lo que te está costando
¿Qué está costándote esta forma de dirigir?. En tiempo, energía, relaciones, salud, concentración, disfrute y en capacidad de pensar estratégicamente.
3. Lo que estás dejando para después
- ¿Qué sabes que deberías cambiar y todavía no has cambiado?
- ¿Qué conversación estás aplazando?
- ¿Qué decisión estás evitando?
- ¿Qué parte de tu vida sigue esperando a que “haya un momento mejor”?
Quizá septiembre sea ese momento. No porque tengas más tiempo. Sino porque
ya tienes suficiente información para saber qué quieres que crezca contigo y no a costa de ti.
En Personas y Coaching trabajamos precisamente ahí, no entendemos el desarrollo directivo como una colección de técnicas para conseguir que una persona aguante más. Trabajamos
cómo la persona que dirige condiciona —consciente e inconscientemente— la organización que está construyendo. Crecer exige algo más que trabajar más. Es detectar
qué necesitas cambiar en tu manera de dirigir para no convertirte en el coste oculto de tu propio éxito.