Siente y gana: Emociones directivas
El objetivo de esta semana es invitarte, como ejecutivo o profesional, a reflexionar sobre tus emociones para convivir mejor con ellas y con las de los demás, logrando así experiencias más equilibradas, ricas y llenas de sentido en tu vida personal y empresarial.
¿Quieres gestionar tus emociones como líder en tu empresa? Te preguntas si se puede ser inteligente y tener sentimientos en el entorno empresarial. ¿Conoces qué emociones cultivas y cuáles censuras? ¿Para qué te sirven? ¿Cuáles son tus emociones faro? ¿Cuál es la causa que las activa y el desencadenante o factor externo que las intensifica?
Un ejemplo: La tristeza me sirve para reconstruirme y actuar de manera diferente, incluso en mi rol como ejecutivo. La alegría me energetiza y me proporciona bienestar, mejorando mi desempeño en la empresa. La aversión o asco me provoca rechazo y me indica que debo modificar mi comportamiento; eso no me conviene en el entorno profesional. La ira me libera de energía y me permite expresarme ante los obstáculos, poner límites. El miedo me hace reflexionar y elegir la mejor opción para mí y para la empresa. La sorpresa me provoca desconcierto y me ayuda a orientarme frente a una nueva situación en el mercado. Todas tienen diferentes funciones adaptativas; me sirven para orientarme, iniciar una acción o alertarme de algo en mi vida personal y en el ámbito empresarial.
El Objetivo
Identificar y nombrar tus emociones para conocerlas y gestionarlas. Conocer la diferencia entre emoción y sentimientos.
La emoción es una reacción automática a algo que experimentas en un momento concreto. Heredadas de nuestros ancestros, es un sistema de alarma y protección muy eficaz. Ante la percepción de un peligro, por ejemplo, el avistamiento de un depredador, nuestros ancestros reaccionaban con ataque, huida o repliegue. De forma similar, en el entorno empresarial actual, nuestras emociones pueden desencadenar reacciones automáticas ante situaciones de estrés o conflicto. Es una parte del cerebro diseñada para sobrevivir.
Si esas reacciones salen en una situación estresante pero sin riesgo para tu vida, como el pito en el coche, llegar cinco minutos tarde a una reunión importante, haberte dormido el día de una presentación clave, no gustarte la respuesta que te ha dado un compañero o una negociación tensa con un cliente. En estas situaciones no te encuentras en una situación de supervivencia; sin embargo, tu reacción instintiva te hace actuar igual.
Esa actuación, comportamiento o reacción,
además de ser poco útil en ese momento, puede perjudicarte y parecer exagerada. Sin embargo, esto ocurre porque reaccionamos de la misma forma ante un peligro emocional que ante los peligros físicos.
El sentimiento es más estable, permanece y puedes alimentarlo con tus reflexiones. Por ejemplo: la culpa o el rencor son sentimientos que pueden influir en tus decisiones como ejecutivo.
La Teoría
Los científicos distinguen unas emociones básicas de las cuales derivan todas las demás. Paul Ekman, psicólogo americano, catalogó en los años 70 seis emociones fundamentales presentes en todas las culturas con expresiones faciales comunes: ira, miedo, asco, alegría, tristeza y sorpresa.
Diversos estudios han mostrado que
las emociones no controladas pueden tener un impacto negativo tanto en la salud mental (ansiedad, depresión...) como en la salud física (accidentes cardiovasculares...). University College de Londres, 2009. En el ámbito empresarial, un ejecutivo que no gestiona adecuadamente sus emociones puede afectar negativamente al clima laboral y a la productividad de la empresa.
Si reconstruyes la actualidad de lo que te ha ocurrido esta semana en tu empresa, ¿qué destacarías? ¿Cuáles han sido las emociones que has experimentado en tu rol como líder o colaborador?
Patricia del Río entrevistaba a Elsa Punset para la edición peruana de la revista Hola y realizaba la siguiente afirmación: “No somos seres duales... Está científicamente probado que en la base de cada pensamiento racional hay una emoción”. Además, “siempre queda una huella de las emociones (estrés, tristeza, angustia) en el cuerpo al que no estamos prestando atención... Nos hemos pasado la vida ignorando la mitad de nuestro cuerpo”.
La emoción es el motor que nos impulsa a actuar y es básica en cualquier profesión. Cuando te dedicas en cuerpo y alma a tus ideas lo haces de corazón y te proporciona autenticidad como ejecutivo y líder.
“No se ha hecho nada grande en el mundo sin pasión”. Friedrich Hegel.
“Nada grande se ha construido sin entusiasmo”. Ralph Waldo Emerson.
“Nadie puede huir de su corazón. Por eso, más vale escuchar lo que dice”. P. Coelho.
El impacto que tienen las emociones en la cultura de la empresa, en los resultados del negocio y en la productividad personal ha llevado al mundo de las organizaciones a interesarse por las emociones, por su gestión individual y por cómo generar un vínculo emocional en el equipo.
Los coaches ejecutivos juegan un papel clave en este proceso.
Términos como “
Racket Emocional” van formando parte del lenguaje empresarial;
se utiliza cuando una persona se prohíbe vivir una emoción y la reemplaza por otra. ¿Podrías poner algún ejemplo en tu entorno de trabajo?
Y para quienes no han identificado esas emociones primarias en el entorno empresarial o les parecen desproporcionadas, les adelanto que las emociones primarias tienen variedad de manifestaciones. Me explico: la ira se puede mostrar por enojo, mal genio, atropello, fastidio, molestia, furia, resentimiento, impaciencia, indignación o irritabilidad. La alegría por disfrute, felicidad, alivio, capricho, extravagancia, dicha, diversión, estremecimiento, gratificación, orgullo y satisfacción. El miedo: ansiedad, desconfianza, fobia, nerviosismo, inquietud, terror, preocupación, remordimiento, sospecha, pavor y pánico. La tristeza por aflicción, autocompasión, melancolía, desaliento, desesperanza, pena, duelo, soledad y nostalgia.
La Puesta en Práctica
Describe tus emociones; identifica qué sientes, qué piensas, qué te produjo, corporalmente cómo la expresaste. Si no las nombras ni reconoces, ¿cómo las vas a gestionar? Por ejemplo:
- Sensaciones: sentí una opresión en el pecho antes de la presentación al comité ejecutivo.
- Pensamientos: pensé que no lograría convencer a los directivos.
- Tendencias: me apeteció abandonar la idea o posponer la reunión.
- Expresión corporal: dolor de cabeza, tensión en la mandíbula y espalda.
- Emoción: miedo, ansiedad, inquietud, frustración.
Comprende tus emociones; detrás de cada emoción existen necesidades no satisfechas (seguridad, estímulos, afectivos/sociales, estima/reconocimiento, autonomía, sentido/coherencia). ¿Cuál es el medio para lograrlas mejor para ti y los otros en tu empresa? ¿Necesitas siempre lo que deseas?
Reduce la intensidad de tu emoción; eso que te inquieta o enfada, ¿importará dentro de unos años en el contexto de tu carrera como ejecutivo?
Practica la gratitud; la psicología positiva ha mostrado que agradecer te hace más feliz, optimista y beneficia tu salud. Reconoce y valora el trabajo de tu equipo en la empresa.
Traduce “su mal humor” en emociones y necesidades. Según tu opinión, ¿cuál era su emoción? ¿Y sus necesidades? ¿Cómo podrías mostrarle que escuchabas su emoción y necesidades como un buen líder o coach?
¿Para qué te sirve vengarte en el entorno empresarial? Probablemente para nada; cuando te vengas, te quedas atrapado a las emociones negativas, a lo que te hace sentir mal y sigues pensando en la persona a la que odias. Y si te vengas, habrás ganado un enemigo, y eso supone que tendrás una nueva amenaza en tu ambiente de trabajo.
Rompe fronteras y pon tu bienestar al servicio de los demás; sé amable, haz algo por los demás. Eso no te dará dinero, no recibirás reconocimiento social ni fama inmediata. Lo que vas a recibir son emociones positivas que enriquecerán tu vida profesional y personal.
Eso es lo que recibo y experimento cada día cuando elijo trabajar con personas como coach ejecutivo. Esa es mi respuesta a lo que en varias ocasiones me has preguntado: “¿Qué te llevas o qué ganas con eso?”. Por eso l
as emociones positivas las entiendo como el combustible para mi vida, y ante ellas me apetece sonreír y llenarme tanto de ellas como sea posible. Así que te invito a decir:
“Lleno, por favor”.